Textos y Publicaciones

3 de mayo de 2021

La esperanza de nuestra vida

13 de febrero de 2021

Crucemos este desierto

13 de octubre de 2020

Los tiempos que nos tocan vivir

4 de mayo de 2020

La llamada

10 de febrero de 2020

A ti, con tu nombre y apellidos

1 de mayo de 2019

Ave Maria, Ave verum Corpus

16 de octubre de 2018

מרתא

13 de mayo de 2018

Hágase en mí

Hermano Mayor

Antonio Távora Alcalde

Crucemos este desierto

13 de febrero de 2021

Nos estremece tener que tomar decisiones dolorosas de aplazamientos, suspensiones, variaciones en las formas de celebrar nuestros actos y cultos.

El pasado 13 de diciembre –con casi dos meses de retraso– tomó posesión la nueva Junta de Gobierno, pues la plaga que nos acecha hizo estragos en varios hermanos e interrumpió́, como lo viene haciendo hace casi un año, la vida ordinaria de la Hermandad.

No deseo escribir cuales son nuestros anhelos como Junta, pues ya en el anterior boletín hacía un breve resumen de lo que pensamos llevar a cabo en estos tres años. Pero ahora que llega el tiempo más precioso que tiene nuestra Hermandad, como es la cuaresma con los cultos y actos propios de este tiempo, ver la casa llena de hermanos retirando sus papeletas de sitio, la meditación, el besapiés, el traslado al paso y la estación de penitencia el lunes santo, sí me gustaría expresaros el sentimiento de todos los que componemos este equipo.

Nos estremece tener que tomar decisiones dolorosas en muchos casos, de aplazamientos, suspensiones, cambios de horarios a tiempos poco idóneos, variaciones en las formas de celebrar nuestros actos y cultos, y todo ello por una plaga que, además, nos incordia la salud y otros muchos aspectos de nuestras vidas.

Le pido al Santísimo Cristo de la Caridad que nos proteja a todos, que nos cuidemos y que en ese cuidado propio incluyamos el cuidar a los demás, que nos deje sobrevivir si es su voluntad hasta que pase este periodo de malas tinieblas.

Habla Dios, a través del maravilloso libro del Éxodo en el Antiguo Testamento de la opresión de pueblo judío por parte del faraón, las plagas, la liberación, el camino del desierto, las tablas de la ley, el alejamiento de Dios y la Tierra Prometida..., escenarios muy similares a los que nos encontramos en estos momentos. Una pandemia en forma de plaga que ha destruido nuestra forma habitual de vida, comenzando por lo más importante: la carencia de salud; también los trabajos, la economía, y, a un nivel muy concreto, la vida de nuestra Hermandad, cambiada, anulada en muchos momentos, como si estuviéramos dispersos en medio de un desierto, acatando normas y leyes que cambian con frecuencia, que trastocan nuestros planes pero que cívicamente cumplimos a rajatabla.

Estos dos años, pueden ser los cuarenta (lo suficiente) del desierto, para vagar por estos áridos paisajes y dunas llenas de pesada arena, sin tener en la Hermandad lo que cada año hemos encontrado por estas fechas en su plenitud, con el objetivo de volver a llegar y ver a la Tierra Prometida, cruzando el Jordán de la normalidad en nuestras vidas y en la de la Hermandad, para dejar de sentir la opresión de esclavos como lo sintió́ el pueblo judío, y así́ poder subir, como si de la Cuesta del Bacalao se tratara, por el desierto de Judea para alcanzar nuestra Jerusalén de San Andrés al regreso tras haber efectuado la estación de penitencia.

Por ello, hermano, mientras nos liberamos de tanta opresión, crucemos el desierto de este año con la misma fe con la que Moisés encaminó a su pueblo, y hagamos disfrutar a nuestro espíritu de lo que la Hermandad nos pueda ofrecer en estos meses que se avecinan, que, aunque extraño y diferente, tiene el mismo sentido año tras año y que no es más que celebrar el misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor.

Deseo terminar estas líneas con un fragmento de una catequesis pronunciada por el Papa Francisco el miércoles de ceniza de 2017: “Y estos cuarenta días son también para todos nosotros una salida de la esclavitud, del pecado, a la libertad, al encuentro con el Cristo resucitado. Cada paso, cada fatiga, cada prueba, cada caída y cada recuperación, todo tiene sentido dentro del proyecto de salvación de Dios, que quiere para su pueblo la vida y no la muerte, la alegría y no el dolor.”

Que la lluvia de un maná en forma de salud y de prosperidad, nos haga llegar a poder estar juntos y prestos a abrir la puerta de San Andrés para encaminar nuestra cruz de guía a la catedral.